lunes, 19 de septiembre de 2016

Las islas flotantes del lago Titicaca

¿ISLAS que flotan? Sí, en este singular lago de Sudamérica hay islas que flotan. Y en ellas vive gente.
El lago Titicaca, que linda al oeste con Perú y al este con Bolivia, es el lago más alto del mundo por el que navegan grandes embarcaciones. Está a una altitud de 3.810 metros sobre el nivel del mar y tiene alrededor de 190 kilómetros de largo en dirección noroeste-sudeste y 80 kilómetros de anchura máxima.
Algunas de las numerosas islas del lago Titicaca son esteras flotantes de totora seca, una especie de espadaña que crece en algunas de las zonas menos profundas del lago. La totora brota del fondo del lago hasta sobresalir de la superficie del agua entre uno y dos metros. Para fabricar una de esas islas, se doblan y entretejen los tallos de totora, sin arrancarlos, hasta confeccionar una plataforma o piso de paja que descansa sobre la superficie del agua. A continuación se cubre de barro y se refuerza con tallos cortados de totora. La gente vive sobre estas islas vegetales flotantes en chozas construidas también de totora.

The Encyclopædia Britannica dice que estas islas llevan mucho tiempo habitadas, y añade: “Los que habitan en el lago fabrican sus famosas balsas con manojos de totora seca atados entre sí, y les confieren un aspecto como el de las embarcaciones de papiro en forma de creciente que aparecen representadas en los antiguos monumentos egipcios”.

POR EL CORRESPONSAL DE ¡DESPERTAD! EN PERÚ

Los elefantes: ¿amigos o enemigos?

A LOS elefantes se les aprecia por diferentes razones, pero se les detesta por otras. Hay quienes los consideran trabajadores muy útiles, idóneos para acarrear troncos enormes y colocarlos bien alineados. Otros los valoran por sus colmillos, su piel y su carne. Y hay quienes solo ven en ellos una amenaza para sus tierras y cosechas.
Por otra parte, muchos investigadores aprecian a los elefantes por su comportamiento divertido. Cynthia Moss pasó trece años estudiando estos animales en el Parque Nacional de Amboseli, en Kenia, y dice: “He visto a las magníficas matriarcas conducir y defender a sus familias, y también las he visto perder toda su compostura y corretear jugando con la cola enroscada sobre la espalda y con una mirada picarona”.
Daphne Sheldrick, de Kenia, ha criado muchos elefantes huérfanos, que luego ha dejado en libertad.  Explicó: “Todos los elefantitos que nos llegan tienen un temperamento distinto, como pasa con los niños. [...] Son ligeramente competitivos, se ponen celosos y, a veces, cuando se les reprende, se enfurruñan. [...] Algunos son deliberadamente traviesos o desobedientes, y tenemos que disciplinarlos igual que a un niño”.
Además de ser divertidos, los elefantes desempeñan un papel muy práctico en la naturaleza. Una cantidad moderada de elefantes en una zona limitada contribuye a incrementar la riqueza de la flora. El libro Los elefantes, la economía y el marfil menciona también otras funciones, como la de crear nuevos pastos, dispersar semillas y reducir “la incidencia de la mosca tsetsé”. Los autores de dicho libro concluyen que “los elefantes desempeñan un papel ecológico esencial en las sabanas y en las selvas africanas”.
Sin embargo, una cantidad excesiva causará perjuicios en la vegetación. Es entonces cuando se convierten en enemigos de algunas personas. Por esa razón, los conservacionistas matan algunos ejemplares regularmente para controlar la población de elefantes en ciertas zonas cercadas. En otras partes de África donde estos paquidermos todavía disponen de mucho espacio, no se ha recurrido aún a este método, lo cual tiene sus ventajas. Según la revista New Scientist, dado que “en el Parque Nacional de Amboseli, en Kenia, no se han producido estas matanzas selectivas de elefantes para controlar su población, estos caminan libremente entre las personas sin ningún temor”.

Los científicos están buscando métodos alternativos para reducir el índice de natalidad de los elefantes. Mientras tanto, cuanto más aprendamos de ellos, seguramente más razones encontraremos para verlos como amigos.

POR EL CORRESPONSAL DE ¡DESPERTAD! EN ÁFRICA DEL SUR

El Pulpo

lunes, 12 de septiembre de 2016

La cola del agama común



EL AGAMA salta con facilidad de una superficie horizontal a una vertical. Si la primera es resbalosa, el lagarto pierde estabilidad, pero de todas formas consigue aterrizar en la pared. ¿Cómo lo logra? El secreto está en su cola.
Piense en lo siguiente: Cuando estos lagartos saltan desde una superficie áspera —que permite que se adhieran a ella⁠—, estabilizan el cuerpo y mantienen la cola hacia abajo, lo que les ayuda a saltar en el ángulo correcto. En cambio, cuando la superficie es resbalosa, pierden el equilibrio y saltan en un ángulo incorrecto. Pero, una vez en el aire, corrigen el ángulo del cuerpo dando un coletazo hacia arriba. No es tan simple como parece. “Tienen que ir ajustando el ángulo de la cola para mantenerse derechos”, dice un informe publicado por la Universidad Berkeley de California. Cuanto más resbalosa es la plataforma, más tiene que levantar la cola el lagarto para aterrizar sin contratiempos.
La cola del agama puede ayudar a los ingenieros a diseñar vehículos robóticos más ágiles para usarlos en la búsqueda de supervivientes tras un terremoto u otro tipo de catástrofe. “Como los robots no son ni de lejos tan ágiles como los animales —dice el investigador Thomas Libby⁠—, todo lo que haga más estable a un robot es un adelanto.”

lunes, 5 de septiembre de 2016

Una visita a los gorilas de montaña

SOLO unos trescientos veinte viven en la región de los volcanes en la frontera entre Ruanda y la República Democrática del Congo; otros trescientos habitan en la impenetrable selva de Uganda. Son los gorilas de montaña, que figuran entre los mamíferos en mayor peligro de extinción del mundo.
Todo comienza cuando los guías nos conducen en una escalada de una hora desde el pie del volcán Visoke, de 3.700 metros de altura, hasta los lindes del Parque Nacional de los Volcanes, en Ruanda. Nos dicen que solo se permite que se acerquen a este peculiar grupo de animales ocho visitantes por día, lo que reduce al máximo el peligro de que contraigan enfermedades y, además, evita alteraciones de su comportamiento.
Nuestro guía pasa a explicarnos que los gorilas son sumamente propensos a las enfermedades del hombre, y que para protegerlos, quienquiera que esté enfermo o sepa que es portador de una enfermedad contagiosa debe quedarse.
Tan cerca que podemos tocarlos
Ahora los guías empiezan a buscar el sitio donde los gorilas fueron vistos el día anterior, aunque deambulan constantemente en busca de alimento fresco. “¡Miren allá!”, exclama alguien. Apelmazada sobre la suave vegetación está la cama, o nido, del gorila de espalda plateada.
“Lo llaman umugome —explica el guía—. Cuando un gorila macho tiene unos 14 años se le torna la espalda blanca como la plata; entonces se le considera el líder del grupo. Es el único que se aparea con todas las hembras."
“¿Cuánto tiempo vive un gorila?”
“Hasta cuarenta años”, contesta en tono bajo.
Uno de los guías está rugiendo como un gorila para tratar de obtener respuesta. ¡Debemos estar ya muy cerca!

Efectivamente, a solo cinco metros de distancia hay unos treinta gorilas. Los guías nos mandan agacharnos y guardar silencio.
Estamos tan cerca que podemos tocarlos. Un par de gorilas pequeños se aproxima para estudiarnos. El guía les pega suavemente con una ramita, y los curiosos jovencitos ruedan cuesta abajo, luchando como niños. “Mami” interviene cuando el juego se pone demasiado brusco.
El macho de espalda plateada nos observa de lejos. Repentinamente se dirige hacia nosotros y se sienta a pocos metros de donde nos hallamos sentados. Es enorme, y debe pesar unos 200 kilogramos. Aunque está demasiado ocupado comiendo como para prestarnos mucha atención, no nos quita la vista de encima. En realidad, la principal actividad de los gorilas consiste en comer. Un macho de espalda plateada puede consumir hasta 30 kilogramos de alimento al día, y todos los miembros del grupo se ocupan en buscar alimento desde la mañana hasta el anochecer. A veces se les ve pelear por las “golosinas” que encuentran.
Su alimento favorito es la médula del senecio gigante. Asimismo les encanta el apio silvestre, ciertas raíces y los brotes de bambú. En ocasiones incluso preparan una “ensalada” mezclando brotes de bambú, hojas tiernas de cardos, ortigas, galios y diversas raíces y parras. “¿Por qué no se espinan cuando agarran y limpian las ortigas?”, pregunta alguien. “Porque la piel de las palmas de las manos es muy gruesa”, contesta uno de los guías.
Mientras gozamos de esta pacífica escena, el enorme macho se yergue súbitamente sobre los pies, se golpea el pecho con las manos y emite un pavoroso y horripilante rugido. Se abalanza hacia uno de los guías, pero se detiene justo antes de llegar a él. Pese a la fiera mirada que el gorila le lanza, el guía no se aterroriza; más bien se agacha, gruñe y retrocede lentamente. Al parecer, el macho solo quería impresionarnos con su fuerza y poder. ¡Y créanos que lo logró!
Los guías nos hacen una señal para que nos preparemos para partir. Hemos pasado poco más de una hora con estas maravillosas y pacíficas criaturas, como invitados “en la niebla”. Aunque breve, la visita ha sido una experiencia inolvidable.

Por el corresponsal de ¡Despertad! en Tanzania

Área de distribución del gorila de montaña
ÁFRICA:
REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO; UGANDA; RUANDA.